Roncangliolo, Santiago, Tan cerca de la vida (Madrid, Alfaguara, 2010)
Hace unas semanas, con mis alumnos leímos “El almohadón de plumas”, un cuento de Horacio Quiroga incluido dentro de su libro más famoso: Cuentos de amor, de locura y de muerte (1917). Sinceramente, no sabían cómo reaccionarían estos jóvenes japoneses, quienes ya no leen novelas ni cuentos como antes (eso dicen mis colegas), pero quedé sorprendido. No solamente lo leyeron en español (algo que es difícil), sino que intentaron buscar algunas semejanza con alguno de los autores que les gustaba. Incluso, con Kobo Abe. Autor japonés que leímos en unas clases pasadas. Unos cuentos traducidos al español publicados en Letra Libres. Quedé satisfecho. En general, la mayoría le gustó el cuento y consideraron que era una buena combinación de horror y misterio. Aunque no sé si este cuento represente lo que ellos dijeron. Después nos pusimos a hablar sobre cómo se debe analizar una obra literaria. No soy un especialista en literatura, así que dejé que fuera ellos mismos los que debatieran. Mientras discutían, una alumna dijo que había algunas partes irreales dentro de “El almohadón de plumas”. Por ejemplo, por qué el médico no pudo encontrar al bicho que le chupaba la sangre a Alicia.
―En nuestro mundo no pasaría eso, ―dijo ella.
―Es un poco injusto de tu parte, ¿no crees? Es irreal para nuestro contexto tanto temporal como espacial, pero no debes analizar una obra desde tu contexto, hazlo siempre desde la propia narrativa y si detectas algo raro, entonces ahí sí hay un problema ―contesté, pero estaba cantifleando. Dije muchas cosas, pero no dije nada.
―En nuestro mundo no pasaría eso, ―dijo ella.
―Es un poco injusto de tu parte, ¿no crees? Es irreal para nuestro contexto tanto temporal como espacial, pero no debes analizar una obra desde tu contexto, hazlo siempre desde la propia narrativa y si detectas algo raro, entonces ahí sí hay un problema ―contesté, pero estaba cantifleando. Dije muchas cosas, pero no dije nada.
Pues bueno sin poderle responder correctamente a esa alumna, terminó la clase y mientras regresaba a mi casa en el tren, terminé de leer la última novela de Santiago Roncagliolo, Tan cerca de la vida. Un libro que no pensaba comprar en un inicio.

