(Texto publicado originalmente en el Blog de la Redacción de la revista Letras Libres, el 7 de marzo de 2011)
—Son las diez de la mañana— pensó en voz alta el señor Oka. En unas dos horas, su restorán estaría a reventar. Tenía que apresurarse. En ese momento, alguien le habló:
—¿Qué tan factible es hacer un “chanchullo electoral” en Japón?
El dueño del restaurante se espantó, pero no encontró a nadie.
—¿Cree usted que es posible hacerlo en estos tiempos?
Finalmente, halló al dueño de esa voz. Quedó anonadado. Era Tama, la gata calicó que siempre venía a tomar el sol.
